DIFERENCIACIÓN
¿qué vas a hacer para que te vean como quieres que te vean?
El trébol de 4 hojas o la estrella más brillante.
SHOW ME THE MONEY!
La mayoría de las cosas no valen lo que cuestan. En los productos que no son necesarios para sobrevivir, el precio es puro posicionamiento. Es muy importante averiguar en que segmente de tu mercado quieres estar, antes de decidir que estrategia de precios va con tigo, con tu historia. Con tu marca personal.
El posicionamiento de precio es una de las principales señales para conectar con tu público. No la única. Sea cual sea tu precio siempre habrá alguien más caro o más barato. No lo dudes.
El dinero es determinante. Pero no lo es todo.
Cuando me dedicaba a vender coches de lujo, desde mi puesto de Jefa de Publicidad de Audi en España, solía trabajar con Margarita, una socióloga-psicóloga social que nos explicaba con mucha inteligencia emocional como se enfrenta el cerebro humano a un impulso o proceso de compra.
Al parecer lo primero que haces es decirte a ti mismo. PUEDO PAGARLO, si es que no, pasas…
Si es que sí, y consideras que ESTA A TU ALCANCE te sientes atraído o no, es algo químico como el sexo
Y si te seduce, si conecta contigo entonces: compras.
Con más o menos prisa en función del precio.
Si es muy barato lo compras de inmediato (impulso) si es un coche te lo piensas un ratito.
Pero haces cosas muy extrañas, por ejemplo te preocupa más el dinero pequeño de bolsillo, que de un gasto importante una vez cada 5 años. Sobre esta base, Audi impulso su motor TDI, A los clientes no les importaba gastar más en su coche, si luego iban a ahorrar cada vez que llenaran el deposito. Y fue un gran éxito, no solo para Audi, sino para todo el sector automóvilistico. A los pocos años ya se vendían más coches Diesel que Gasolina, incluso y esto es lo más extraño, compraban y aún compran motores Diesel conductores, que nunca van a hacer los Km suficientes para compensar el gasto inicial.
Y sobre esta base, ha crecido la burbuja inmobiliaria que ha llevado a la ruina a más de una. Te comprometías en una deuda innecesaria, para ahorrarte un alquiler similar al coste de los intereses que te cobraba el banco. Compras promesas, hipótesis, posibilidades… por las que estas dispuesta a pagar un poco más.



















